Mi abuela es curva,
que nadie me lo discuta,
si pienso en una persona,
pienso en un cuerpo,
y al pensar en un cuerpo,
pienso en su relleno.
De curvas hablamos,
y de rectas ausentarnos intentamos.
También soy yo de esas que piensa,
en el invento de una fría recta,
por un frío humano,
y es que, no digo que no sean bellas,
pues hasta el alma más desalmada,
puede tener un cuerpo, llenito de belleza.
Y ahora, pienso en la curva,
yo, pienso en mi abuela;
pienso en un alma con ausencia,
de rectas,
y en un cuerpo falto de ellas.
La veo, la veo a ella,
y como todo maestro,
observo, su descendencia.
En la bondad, la reafirmo,
e intento reafirmar la recta,
aunque menos rectas vea,
en esta tierra, inclinada al lado bueno.
Y si no que le pregunten,
a la barriga, mejilla...o mano de ella,
y sino que le pregunten,
a la entraña, estancia o maña,
de su bondad o su grandeza.
A mí, me duele la recta,
y con estas manos que intento
educar en curvas,
homenajeo a la gran curva,
a base de rectas,
a ver si con tanta intención,
si con tanta lanzada apuesta
por un lugar más cálido,
curvo como el sol,
puedo cambiar la cualidad
de una madera,
que queriendo de mis manos salir,
como una circunferencia plena,
el mundo volvió recta,
a base de sierras, cuchillos...¡y seguetas!