Son duros los días sin tí,
es como si, a veces, no quisieras existir.
Y soy yo, quien me tengo que quedar,
con un nudo en la garganta,
atravesado,
punzante, de sonido malparado.
A veces, no sé si soy yo el infante,
o tú, que te escondes tras las sábanas,
junto a la almohada,
como si te fuera a llevar a un mundo irreal,
sin dolor, sin cualquier tipo de alteración;
hiriente.
Debiendo ser yo más frágil,
me siento una tempestad...
No sabes cuanto duele,
cuanto araña las entrañas,
no poderte confesar tu cobardía,
tu egoísmo inocente,
tu incomprensión.
Pero no importa,
seguiré siendo pequeña,
pero fuerte como esas rocas,
que golpea la marea,
como ese clavo que vencer puede,
a la madera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario